



Por su parte una persona fóbica en un ataque de pánico puede llegar a cometer acciones violentas y hasta homicidios sádicos para aliviar su tensión frente a la situación fóbica, ya que ésta le crea una gran tensión emocional que no puede controlar. La conducta delictiva puede desencadenarse imprevistamente porque el neurótico fóbico al entrar en una situación generadora de angustia, realiza un impulso incontrolable para salir de esa situación fóbica, pero que lleva a cabo a través de la agresión. En una situación fóbica altamente estresante, la angustia puede ocasionar desestructuración de la personalidad, en la cual los actos impulsivos de defensa hacen que el individuo sea peligroso desde el punto de vista criminológico.
Cuando el individuo, a medida de su crecimiento, libérase de la autoridad de sus padres, incurre en una de las consecuencias más necesarias, aunque también una de las más dolorosas que el curso de su desarrollo le acarrea. Es absolutamente inevitable que dicha liberación se lleve a cabo, al punto que debe haber sido cumplida en determinada medida por todo aquel que haya alcanzado un estado normal. Hasta el progreso mismo de la sociedad reposa esencialmente sobre esta oposición de las generaciones sucesivas. Por otra parte, existe cierta clase de neuróticos cuyo estado se halla evidentemente condicionado por el fracaso ante dicha tarea. Para el niño pequeño los padres son, al principio, la única autoridad y la fuente de toda fe. El deseo más intenso y decisivo de esos años infantiles es el de llegar a parecérseles - es decir, al progenitor del propio sexo -; el deseo de llegar a ser grande, como el padre y la madre. Pero a medida que progresa el desarrollo intelectual es inevitable que el niño descubra poco a poco las verdaderas categorías a las cuales sus padres pertenecen. Conoce a otros padres, los compara con los propios y llega así a dudar de las cualidades únicas e incomparables que les había adjudicado.Pequeñas experiencias de su vida infantil, que despiertan en él un sentimiento de disconformidad, lo incitan a emprender la crítica de los padres y a aprovechar, en apoyo de esta actitud contra ellos, la ya adquirida noción de que otros padres son, en muchos sentidos, preferibles a los suyos. La psicología de las neurosis nos ha enseñado que a este resultado coadyuvan, entre otros factores, los más intensos impulsos de rivalidad sexual. Las ocasiones que los motivan tienen por tema evidente el sentimiento de ser despreciado. Son frecuentísimas las oportunidades en las cuales el niño es menospreciado o en que por lo menos se siente menospreciado, en las cuales siente que no recibe el pleno amor de sus padres o, principalmente, lamenta tener que compartirlo con hermanos y hermanas. La sensación de que su propio afecto no es plenamente retribuido se desahoga entonces en la idea, a menudo conscientemente recordada desde la más temprana infancia, de ser un hijastro o un hijo adoptivo. Numerosas personas que no han llegado a la neurosis recuerdan a menudo ocasiones de esta especie, en las cuales, influidos generalmente por alguna lectura, interpretaron así las actitudes hostiles de los padres y reaccionaron en consecuencia. Ya aquí se evidencia, empero, la influencia del sexo, pues el varón se inclina mucho más a desplegar impulsos hostiles contra el padre que contra la madre, y mucho más también a liberarse de aquél que de ésta. A este respecto, la actividad imaginativa de la niña tiende a ser mucho más atenuada. Estos impulsos psíquicos de la infancia, conscientemente recordados, nos ofrecen el factor que ha de permitirnos comprender el mito [del nacimiento del héroe].Este incipiente extrañamiento de los padres, que puede designarse como novela familiar de los neuróticos, continúa con una nueva fase evolutiva que raramente subsiste en el recuerdo consciente, pero que casi siempre puede ser revelada por el psicoanálisis. En efecto, tanto la esencia misma de la neurosis como la de todo talento superior tienen por rasgo característico una actividad imaginativa de particular intensidad que, manifestada primero en los juegos infantiles, domina más tarde, hacia la época prepuberal, todo el tema de las relaciones familiares. Un ejemplo característico de este tipo particular de fantasías lo hallamos en el conocido ensueño diurno, que persiste mucho más allá de la pubertad. Examinando detenidamente estos sueños diurnos, compruébase que sirven a la realización de deseos y a la rectificación de las experiencias cotidianas, persiguiendo principalmente dos objetivos: el erótico y el ambicioso, aunque tras este último suele ocultarse también el fin erótico. Hacia la época mencionada, la imaginación del niño se dedica, pues, a la tarea de liberarse de los padres menospreciados y a reemplazarlos por otros, generalmente de categoría social más elevada. En esta relación el niño aprovechará cualquier coincidencia oportuna que le ofrezcan sus experiencias reales - como los encuentros con el señor feudal o el terrateniente, si vive en el campo, o con algún dignatario o aristócrata en la ciudad -, despertando dichas vivencias casuales la envidia del niño, que luego se expresa en la fantasía de sustituir al padre y a la madre por otros más encumbrados. La técnica aplicada para realizar tales fantasías - que en ese período son, por supuesto, conscientes - depende de la habilidad y del material que el niño encuentre a su disposición. También es importante considerar si las fantasías son elaboradas con mayor o menor afán de verosimilitud. Esta fase se alcanza en una época en la cual el niño ignora todavía las condiciones sexuales de la procreación.Poco después, cuando el niño llega a conocer las múltiples vinculaciones sexuales entre el padre y la madre, cuando comprende que pater semper incertus est, mientras que la madre es certissima, la novela familiar experimenta una restricción peculiar: se limita en adelante a exaltar al padre, pero ya no duda del origen materno, aceptándolo como algo inalterable. Esta segunda fase (sexual) de la novela familiar es sustentada asimismo por otra motivación que falta en la primera fase (asexual). Con el conocimiento de los procesos sexuales surge en el niño la tendencia a imaginarse situaciones y relaciones eróticas, tendencia que es impulsada por el deseo de colocar a la madre - objeto de la más intensa curiosidad sexual - en situaciones de secreta infidelidad y de relaciones amorosas ocultas. De tal modo aquellas primeras fantasías, en cierto modo asexuales, se ponen a la altura de los nuevos conocimientos adquiridos. Además, el tema de la venganza y de la ley del talión, que en la fase anterior ocupaba el primer plano, reaparece también aquí. por regla general, estos niños neuróticos son precisamente aquellos que fueron castigados por sus padres para corregir sus hábitos sexuales y que ahora se vengan de ellos mediante tales fantasías.Los hermanos menores son los que más particularmente tienden a utilizar estas creaciones imaginativas para privar a los hermanos mayores de sus prerrogativas (igual que sucede en las intrigas históricas) y a menudo no vacilan en adjudicar a la madre tantas relaciones amorosas ficticias como competidores fraternos encuentran. Puede darse entonces una interesante versión de esta novela familiar, en la cual su protagonista y autor vuelve a reclamar la legitimidad para sí mismo, mientras que elimina a los hermanos y hermanas, proclamándolos ilegítimos. Otros intereses particulares pueden orientar asimismo la novela familiar cuyas múltiples facetas y cuya vasta aplicabilidad la tornan accesible a toda clase de tendencias. Así, por ejemplo, el pequeño fantaseador puede eliminar la prohibitiva relación de parentesco con una hermana a la cual se siente sexualmente atraído.Quien se sienta inclinado a apartarse con horror de esta depravación del alma infantil, y aun esté tentado de negar que tales cosas sean posibles, habrá de tener en cuenta que todas estas obras de ficción, aparentemente tan plenas de hostilidad, no son en realidad tan malévolas, y hasta conservan, bajo tenue disfraz, todo el primitivo afecto del niño por sus padres. La infidelidad y la ingratitud son sólo aparentes, pues si se examina en detalle la más común de estas fantasías novelescas, es decir, la sustitución de ambos padres, o sólo del padre, por personajes más encumbrados, se advertirá que todos estos nuevos padres aristocráticos están provistos de atributos derivados exclusivamente de recuerdos reales de los verdaderos y humildes padres, de modo que en realidad el niño no elimina al padre, sino que lo exalta. Más aún: todo ese esfuerzo por reemplazar al padre real con uno superior es sólo la expresión de la añoranza que el niño siente por aquel feliz tiempo pasado, cuando su padre le parecía el más noble y fuerte de los hombres, y su madre, la más amorosa y bella mujer. Del padre que ahora conoce se aparta hacia aquel en quien creyó durante los primeros años de la infancia; su fantasía no es, en el fondo, sino la expresión de su pesar por haber perdido esos días tan felices. Así, en estas fantasías vuelve a recuperar su plena vigencia la sobrevaloración que caracteriza los primeros años de la infancia. El estudio de los sueños ofrece una interesante contribución a dicho tema, pues su interpretación enseña que, incluso en años avanzados, cuando en un sueño aparecen las figuras encumbradas del emperador y de la emperatriz, ellas representan siempre al padre y a la madre del soñante. De donde la sobrevaloración infantil de los padres subsiste asimismo en los sueños de los adultos normales.


Pude averiguar al respecto que la madre de Lucas falleció a raíz de haber estado infectada por el S.I.D.A. cuando él tenía 2 años, y su padre también portador se hallaba internado en estado terminal. En ese momento Lucas vivía con los abuelos paternos y visitaba regularmente a su hermana de 1 año y medio, fruto del segundo matrimonio del padre. Respecto a ello la maestra comentó que Lucas se manifestaba responsable, inteligente y ávido de aprender e incorporar conocimientos, pero que las últimas semanas lo había notado triste.
Este niño de tan solo 8 años debió plantear por motus propia una demanda des-esperada de tratamiento, ya que no había sido convocado al gabinete a pesar de su situación familiar y el estado de salud terminal de su padre. No se tuvieron en cuenta las fantasías y la angustia que podrían desprenderse a raíz de la grave enfermedad del padre.
No es aleatorio para el colegio que este chico de buena conducta y buen rendimiento escolar no haya sido entrevistado en otras oportunidades, ya que no genera problemas de conducta que provoquen conflictos con otros compañeros e inconvenientes a nivel grupal, desestimándose así los conflictos subyacentes inconscientes.
Demanda del niño versus la demanda materna
Tomando en cuenta los motivos por los que consultan los padres, pueden existir diferencias entre lo que son los síntomas para los padres o los maestros y la propia consideración hecha por el niño sobre aquello que lo hace pensar, que lo martiriza y lo torna insoportable para su entorno e infeliz para sí mismo. A veces parecen no coincidir los motivos de consulta de los padres y del niño en cuestión. Esto lo pude comprobar con Pedro, de 11 años, cuya madre relata: “creo que está enojado con esto de la enfermedad. En febrero me desmayé, estuve 40 días internada, me operaron del corazón. Tengo síndrome de QT prolongado, y a todos mis hijos también se lo detectaron”. Agrega que actualmente están tomando medicación y no pueden hacer actividad física. Como motivo de consulta refiere que viene por “la conducta de Pedro y porque no me dice lo que le pasa realmente; hace burlas, gestos y molesta a los demás”. Asimismo agrega: “Lo que siempre me jodió fue el tema del papá: se puso de novio y no lo saludó más; tiene una hija de un año y medio”.
Cuando entrevisté a Pedro manifestó curiosidad, misterio y desconcierto por el tema sexual. En la primer entrevista dijo que venía porque“cargo, hago lío, a mis compañeros los molesto para llamar la atención. A veces me porto mal porque mi señorita nos grita”. A continuación comenta que tuvo que resolver un problema matemático. El mismo hacía referencia a que “un elefante comía 500 kilos de paja”. Toda la clase se rió; él, como estaba distraído, no entendió el doble sentido desde el principio, y cuando lo comprendió fue el último en reírse, lo que le costó un reto de la maestra: “después vamos a hablar... ¿vos te hacés la paja o ellos?”. Durante gran parte de la sesión manifestó que pensaba ir a contarle lo sucedido a la directora o hacerle un juicio a la maestra. “Mi tía no me cree ésto. Tenía miedo de ir a dirección y que me pase algo, que crean lo que dice la señorita y no me crean a mí porque ella es una persona de confianza, y no la echen, no le digan nada”...“En 3º grado me rompieron la boca porque las maestras no estaban mirando, se me cayeron todos los dientes, por suerte me pusieron fluor”.
Como recorte de las entrevistas preliminares extraje las siguientes frases que grafican el tiempo por el cual Pedro está transitando: “Yo miraba el programa ¨Disputas¨; vi una vez pero no mucho. Vi el final y chau, vi el tercero, el anteúltimo y el último. Mis compañeros se vieron desde el principio”. De sus compañeros expresa: “Una chica Mariela dijo que iba a co, co, (risas) coger con el chico que le gustaba si era el novio... lo dijo por mí, no por otro chico”...“Las chicas querían jugar a la mancha y les dijimos que no; jugaron 10 chicos de 4º, pero cómo las tocaban”... “Daniel y Gabriela andan a los besos y nada, yo también, 5 días con Mariela y chau”... “Yo le dije que era una puta porque se deja tocar”... “Las chicas son re-zarpadas, ven a la seño de inglés embarazada y quieren tener un bebé”...“Me gustan tres; te pegan si las tocas, son re-cuidadas”. “Hablamos con la señorita qué hace el hombre con la mujer y eso las excita a las chicas”, “Mi mamá no quiere ser abuela; mi hermano tiene 17 y la novia 17 y es re-grande”. Respecto de las maestras refiere: “Ni ellas están informadas. Todo chusmerío, chusmerío, una nena me dijo que trajeron una revista porno, no me acuerdo quién me lo dijo”.
La madre se muestra preocupada porque Pedro “no cuenta lo que le pasa realmente”. Esto que le pasa la madre lo asocia a la enfermedad hereditaria familiar que se le detectó este año. Sin embargo, el motivo de consulta de Pedro se circunscribe al segundo despertar sexual. El inicio del drama puberal parece ser el tema que desvela el interés de este pre-púber, según lo corroborado en las entrevistas preliminares. Es probable que con el transcurso del análisis aparezca el tema de la enfermedad, pero como se observa no fue incluido en la demanda.
SINTOMATOLOGÍA EN LA INFANCIA
Lacan define al síntoma como representante de la verdad y sostiene que “en los niños hay dos clases de síntomas: los que están verdaderamente relacionados con la pareja parental, y los síntomas que, ante todo, están en la relación dual del niño y la madre”(3). La sola existencia del síntoma no basta para desencadenar el pedido de análisis. En efecto, el síntoma puede ocasionar sufrimiento, malestar y desdicha, pero si no hay pregunta que se formule a partir de éste, la puerta al dispositivo analítico estará cerrada. En el Seminario 10 dice Lacan que el síntoma se basta a sí mismo y no necesita del Otro. El paso hacia el análisis implica una transformación, ya que supone la creencia en que el síntoma quiere decir algo que habrá que descifrar. Dimensión, pues, que ya incluye al Otro. Lacan señala que, para que el síntoma salga del estado en que aún no estaría formulado, es necesario que el sujeto advierta que hay una causa. Es por el tiempo del sujeto que el niño no llega a formularse una pregunta sobre su síntoma. Quien se presenta sin pregunta alguna suele tener una teoría sobre su padecimiento; su teoría le brinda algún sentido al sufrimiento. Dándole sentido, cierra el enigma, pero al hablar también abre; y si es que logra hablar dirá más de lo que sabe. Si la infancia se cursa con síntomas, según lo recuerda Freud, ¿cuándo será el momento indicado para consultar por un niño?. La respuesta es simple: Cuando hay síntomas del detenimiento de los tiempos del sujeto en la infancia.



Es frecuente escuchar sobre los beneficios físicos que genera el deporte. Sin embargo, debemos tener en cuenta que el ser humano es una unidad psicológica, física, social y espiritual. Por lo tanto, cuando hay desajustes en alguna de las áreas mencionadas, esto trae consecuencias sobre la totalidad de la persona.
Pensemos, por ejemplo, en una persona que padece depresión. En ella prevalecerán pensamientos pesimistas. Preferirá las actividades sedentarias, evitando reunirse con amigos y conocidos. Lo mismo ocurre a la inversa, cuando el bienestar que se produce en el cuerpo a través de la actividad física produce beneficios indirectos en otros aspectos del sujeto.
En épocas pasadas se hablaba de enfermedad psicosomática para referirse al asma, porque el aspecto psíquico y emocional repercutía notablemente sobre los síntomas físicos. Hoy en día, desde el campo de la psicología y la medicina se considera que todas las enfermedades debieran ser tratadas como una unidad psico-física.
No son pocos los beneficios psicológicos que en este sentido se desprenden de la actividad física. Uno de ellos es la Sensación de Bienestar, que trae como consecuencia el Mejoramiento de la Autopercepción Corporal que repercute en el aspecto emocional al elevar la Autoestima. El deporte posibilita al niño y al adolescente un manejo equilibrado de su cuerpo, lo que genera confianza para enfrentar otras situaciones en lo cotidiano, social y familiar. Fomentar la actividad deportiva en la niñez, inducir a los jóvenes al hábito del ejercicio, mejorará necesariamente la calidad de vida de la población adulta del futuro.
Pero es necesario tener en cuenta también que la infancia es por excelencia el período donde se aprehenden hábitos y comportamientos que se sostendrán a lo largo de la vida. No es casualidad, por ejemplo, que los adultos mantengan en un preciado lugar de su corazón el primer equipo de fútbol que alentaron o del que formaron parte, por más que sea de una liga regional, barrial o del ascenso. Si los dirigentes de clubes tuvieran este aspecto en cuenta y se abocaran más al público infantil, tendrían de seguro mayor público estable en el futuro.
El deporte consiste en una actividad lúdica que permite que el cuerpo permanezca en constante movimiento con un propósito. Al ser considerado un juego reglado se deben cumplir normas que posibilitarán el aprendizaje de las normas morales y vinculares, ya que se trata de una competencia que necesitará de otros participantes. Las reglas enseñan lo que se debe hacer y lo que está mal. El hacer trampa deberá ser sancionado por el grupo, árbitro o figura que según el deporte personifique la ley y la autoridad. Esto posibilitará la inserción del niño en la sociedad. Deberán aprender que a veces se pierde y a veces se gana.
En el campo de juego, por otra parte, se ponen en evidencia los aspectos más nobles y los vicios más detestables de los hombres. Ante las reglas se deberá estar alerta y atento para poder aplicarlas y responder adecuadamente ante la reacción de otros participantes. Esto indica que se necesita responder con inteligencia, aspecto psicológico de la personalidad.
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